Palabras de su predicación a sus hermanos. Confunde a un hombre que trata de derribar la doctrina de Cristo. Algunas palabras acerca de la historia del pueblo de Nefi.

CAPÍTULO 1

Jacob y José procuran persuadir a los hombres a creer en Cristo y a guardar sus mandamientos—Muere Nefi—Predomina la iniquidad entre los nefitas. Aproximadamente 544—421 a.C.

1 Porque he aquí, aconteció que ya habían pasado cincuenta y cinco años desde que Lehi había salido de Jerusalén; por tanto, Nefi me dio a mí, aJacob, un bmandato respecto de las cplanchas menores sobre las cuales estas cosas están grabadas.

2 Y me dio a mí, Jacob, un mandato de que escribiera sobre estas planchas algunas de las cosas que considerara yo más preciosas; y que no tratara más que ligeramente la historia de este pueblo, llamado el pueblo de Nefi.

3 Porque dijo que la historia de su pueblo debería grabarse sobre sus otras planchas, y que yo debía conservar estas planchas y transmitirlas a mi posteridad, de generación en generación.

4 Y que si hubiese predicaciones que fuesen sagradas, o revelación que fuese grande, o profecías, yo debería grabar sus puntos principales sobre estas planchas, y tratar estas cosas cuanto me fuera posible, por causa de Cristo y por el bien de nuestro pueblo.

5 Porque, por causa de la fe y el gran afán, verdaderamente se nos había hecho saber concerniente a nuestro pueblo y las cosas que le habían de asobrevenir.

6 Y también tuvimos muchas revelaciones y el espíritu de mucha profecía; por tanto, sabíamos de aCristo y su reino, que había de venir.

7 Por lo que trabajamos diligentemente entre los de nuestro pueblo, a fin de persuadirlos a avenir a Cristo, y a participar de la bondad de Dios, para que entraran en su breposo, no fuera que de algún modo él jurase en su ira que no centrarían, como en la dprovocación en los días de tentación, cuando los hijos de Israel estaban en el edesierto.

8 Por tanto, quisiera Dios que persuadiéramos a todos los hombres a no arebelarse contra Dios para bprovocarlo a ira, sino que todos los hombres creyeran en Cristo y contemplaran su muerte, y sufrieran su ccruz, y soportaran la vergüenza del mundo; por tanto, yo, Jacob, tomo a mi cargo cumplir con el mandato de mi hermano Nefi.

9 Y Nefi empezaba a envejecer, y vio que pronto había de amorir; por tanto, bungió a un hombre para que fuera rey y director de su pueblo, según los reinados de los creyes.

10 Y como el pueblo amaba a Nefi en extremo, porque había sido para ellos un gran protector, pues había empuñado la aespada de Labán en su defensa, y había trabajado toda su vida por su bienestar,

11 por tanto, el pueblo quería conservar la memoria de su nombre, y a quienquiera que gobernara en su lugar, lo llamarían Nefi segundo, Nefi tercero, etcétera, según los reinados de los reyes; y así los llamó el pueblo, cualesquiera que fuesen sus nombres.

12 Y aconteció que Nefi murió.

13 Ahora bien, los del pueblo que no eran alamanitas eran bnefitas; no obstante, se llamaban nefitas, jacobitas, josefitas, czoramitas, lamanitas, lemuelitas e ismaelitas.

14 Mas yo, Jacob, no los distinguiré en adelante por estos nombres, sino que allamaré lamanitas a los que busquen la destrucción del pueblo de Nefi, y a los que simpaticen con Nefi, llamaré bnefitas, o cpueblo de Nefi, según los reinados de los reyes.

15 Y aconteció que el pueblo de Nefi, bajo el reinado del segundo rey, empezó a ser duro de corazón y a entregarse un tanto a prácticas inicuas, deseando tener muchas aesposas y concubinas, a semejanza de David en la antigüedad, y también Salomón, su hijo.

16 Sí, y también empezaron a buscar mucho oro y plata, y a ensalzarse un tanto en el orgullo.

17 Por tanto, yo, Jacob, les hablé estas palabras, mientras les enseñaba en el atemplo, habiendo primeramente obtenido mi bmandato del Señor.

18 Porque yo, Jacob, y mi hermano José, habíamos sido aconsagrados sacerdotes y maestros de este pueblo, por mano de Nefi.

19 Y magnificamos nuestro aoficio ante el Señor, tomando sobre nosotros la bresponsabilidad, trayendo sobre nuestra propia cabeza los pecados del pueblo si no le enseñábamos la palabra de Dios con toda diligencia; para que, trabajando con todas nuestras fuerzas, su sangre no manchara nuestros vestidos; de otro modo, su csangre caería sobre nuestros vestidos, y no seríamos hallados sin mancha en el postrer día.


CAPÍTULO 2

Jacob condena el amor a las riquezas, el orgullo y la falta de castidad—Los hombres pueden buscar riquezas con el fin de ayudar a sus semejantes—Jacob condena la práctica desautorizada del matrimonio plural—El Señor se deleita en la castidad de las mujeres. Aproximadamente 544—421 a.C.

1 Palabras que Jacob, hermano de Nefi, dirigió al pueblo de Nefi, después de la muerte de Nefi:

2 Pues bien, mis amados hermanos, yo, Jacob, según la responsabilidad bajo la cual me hallo ante Dios, de magnificar mi oficio con seriedad, y para limpiar mis vestidos de vuestros pecados, he subido hoy hasta el templo para declararos la palabra de Dios.

3 Y vosotros mismos sabéis que hasta aquí he sido diligente en el oficio de mi llamamiento; pero hoy me agobia el peso de un deseo y afán mucho mayor por el bien de vuestras almas, que el que hasta ahora he sentido.

4 Pues he aquí, hasta ahora habéis sido obedientes a la palabra del Señor que os he dado.

5 Mas he aquí, escuchadme y sabed que con la ayuda del omnipotente Creador del cielo y de la tierra, puedo hablaros tocante a vuestros apensamientos, cómo es que ya empezáis a obrar en el pecado, pecado que para mí es muy abominable, sí, y abominable para Dios.

6 Sí, contrista mi alma, y me hace encoger de vergüenza ante la presencia de mi Hacedor, el tener que testificaros concerniente a la maldad de vuestros corazones.

7 Y también me apena tener que ser tan aaudaz en mis palabras relativas a vosotros, delante de vuestras esposas e hijos, muchos de los cuales son de sentimientos sumamente tiernos, bcastos y delicados ante Dios, cosa que agrada a Dios;

8 y supongo que han subido hasta aquí para oír la agradable apalabra de Dios; sí, la palabra que sana el alma herida.

9 Por tanto, agobia mi alma el que sea constreñido, por el estricto mandamiento que recibí de Dios, a amonestaros según vuestros crímenes y agravar las heridas de los que ya están heridos, en lugar de consolarlos y sanar sus heridas; y a los que no han sido heridos, en lugar de que se adeleiten con la placentera palabra de Dios, colocar puñales para traspasar sus almas y herir sus delicadas mentes.

10 Mas a pesar de la magnitud de la tarea, debo obrar según los estrictos amandamientos de Dios, y hablaros concerniente a vuestras iniquidades y abominaciones, en presencia de los puros de corazón y los de corazón quebrantado, y bajo la mirada del ojo bpenetrante del Dios Omnipotente.

11 Por tanto, debo deciros la verdad, conforme a la aclaridad de la palabra de Dios. Porque he aquí, al dirigirme al Señor, la palabra vino a mí, diciendo: Jacob, sube hasta el templo mañana, y declara a este pueblo la palabra que te daré.

12 Y ahora bien, he aquí, hermanos míos, ésta es la palabra que os declaro, que muchos de vosotros habéis empezado a buscar oro, plata y toda clase de aminerales preciosos que tan copiosamente abundan en esta btierra, que para vosotros y vuestra posteridad es una tierra de promisión.

13 Y tan benignamente os ha favorecido la mano de la providencia, que habéis obtenido muchas riquezas; y porque algunos de vosotros habéis adquirido más abundantemente que vuestros hermanos, os aenvanecéis con el orgullo de vuestros corazones, y andáis con el cuello erguido y la cabeza en alto por causa de vuestras ropas costosas, y perseguís a vuestros hermanos porque suponéis que sois mejores que ellos.

14 Y ahora bien, hermanos míos, ¿suponéis que Dios os justifica en esto? He aquí, os digo que no; antes bien, os condena; y si persistís en estas cosas, sus juicios os sobrevendrán aceleradamente.

15 ¡Oh, si él os mostrara que puede traspasaros, y que con una mirada de su ojo puede humillaros hasta el polvo!

16 ¡Oh, si os librara de esta iniquidad y abominación! ¡Oh, si escuchaseis la palabra de sus mandamientos, y no permitieseis que este aorgullo de vuestros corazones destruyera vuestras almas!

17 Considerad a vuestros hermanos como a vosotros mismos; y sed afables con todos y liberales con vuestros abienes, para que bellos sean ricos como vosotros.

18 Pero antes de buscar ariquezas, buscad el breino de Dios.

19 Y después de haber logrado una esperanza en Cristo obtendréis riquezas, si las buscáis; y las buscaréis con el fin de ahacer bien: para vestir al desnudo, alimentar al hambriento, libertar al cautivo y suministrar auxilio al enfermo y al afligido.

20 Y ahora bien, hermanos míos, os he hablado acerca del orgullo; y aquellos de vosotros que habéis afligido a vuestro prójimo, y lo habéis perseguido a causa del orgullo de vuestros corazones por las cosas que Dios os dio, ¿qué tenéis que decir de esto?

21 ¿No creéis que tales cosas son abominables para aquel que creó toda carne? Y ante su vista un ser es tan precioso como el otro. Y toda carne viene del polvo; y con el mismo fin él los ha creado: para que guarden sus amandamientos y lo glorifiquen para siempre.

22 Y ahora ceso de hablaros concerniente a este orgullo. Y si no fuera que debo hablaros de un crimen más grave, mi corazón se regocijaría grandemente a causa de vosotros.

23 Mas la palabra de Dios me agobia a causa de vuestros delitos más graves. Porque he aquí, dice el Señor: Este pueblo empieza a aumentar en la iniquidad; no entiende las Escrituras, porque trata de justificar sus fornicaciones, a causa de lo que se escribió acerca de David y su hijo Salomón.

24 He aquí, David y aSalomón en verdad tuvieron muchas besposas y concubinas, cosa que para mí fue abominable, dice el Señor.

25 Por tanto, el Señor dice así: He sacado a este pueblo de la tierra de Jerusalén por el poder de mi brazo, a fin de levantar para mí una rama ajusta del fruto de los lomos de José.

26 Por tanto, yo, el Señor Dios, no permitiré que los de este pueblo hagan como hicieron los de la antigüedad.

27 Por tanto, hermanos míos, oídme y escuchad la palabra del Señor: Pues entre vosotros ningún hombre tendrá sino auna esposa; y concubina no tendrá ninguna;

28 porque yo, el Señor Dios, me deleito en la acastidad de las mujeres. Y las fornicaciones son una abominación para mí; así dice el Señor de los Ejércitos.

29 Por lo tanto, este pueblo guardará mis mandamientos, dice el Señor de los Ejércitos, o amaldita sea la tierra por su causa.

30 Porque si yo quiero levantar aposteridad para mí, dice el Señor de los Ejércitos, lo mandaré a mi pueblo; de lo contrario, mi pueblo obedecerá estas cosas.

31 Porque yo, el Señor, he visto el dolor y he oído el lamento de las hijas de mi pueblo en la tierra de Jerusalén; sí, y en todas las tierras de mi pueblo, a causa de las iniquidades y abominaciones de sus maridos.

32 Y no permitiré, dice el Señor de los Ejércitos, que el clamor de las bellas hijas de este pueblo, que he conducido fuera de la tierra de Jerusalén, ascienda a mí contra los varones de mi pueblo, dice el Señor de los Ejércitos.

33 Porque no llevarán cautivas a las hijas de mi pueblo, a causa de su ternura, sin que yo los visite con una terrible maldición, aun hasta la destrucción; porque no cometerán afornicaciones como los de la antigüedad, dice el Señor de los Ejércitos.

34 Y ahora bien, he aquí, hermanos míos, sabéis que estos mandamientos fueron dados a nuestro padre Lehi; por tanto, los habéis conocido antes; y habéis incurrido en una gran condenación, porque habéis hecho estas cosas que no debíais haber hecho.

35 He aquí, habéis cometido amayores iniquidades que nuestros hermanos los lamanitas. Habéis quebrantado los corazones de vuestras tiernas esposas y perdido la confianza de vuestros hijos por causa de los malos ejemplos que les habéis dado; y los sollozos de sus corazones ascienden a Dios contra vosotros. Y a causa de lo estricto de la palabra de Dios que desciende contra vosotros, han perecido muchos corazones, traspasados de profundas heridas.


CAPÍTULO 3

Los puros de corazón reciben la placentera palabra de Dios—La rectitud de los lamanitas es mayor que la de los nefitas—Jacob amonesta contra la fornicación, la lascivia y todo pecado. Aproximadamente 544—421 a.C.

1 Mas he aquí que yo, Jacob, quisiera dirigirme a vosotros, los que sois puros de corazón. Confiad en Dios con mentes firmes, y orad a él con suma fe, y él os consolará en vuestras aflicciones, y abogará por vuestra causa, y hará que la justicia descienda sobre los que buscan vuestra destrucción.

2 ¡Oh todos vosotros que sois de corazón puro, levantad vuestra cabeza y recibid la placentera palabra de Dios, y adeleitaos en su amor!; pues podéis hacerlo para siempre, si vuestras mentes son bfirmes.

3 ¡Pero ay, ay de vosotros que no sois puros de corazón, que hoy os halláis ainmundos ante Dios!, porque a menos que os arrepintáis, la tierra será maldecida por causa vuestra; y los lamanitas, que no son inmundos como vosotros, aunque bmaldecidos con severa maldición, os castigarán aun hasta la destrucción.

4 Y el tiempo velozmente viene en que, a menos que os arrepintáis, ellos poseerán la tierra de vuestra herencia, y el Señor Dios aapartará a los justos de entre vosotros.

5 He aquí que los lamanitas, vuestros hermanos, a quienes aborrecéis por su inmundicia y la maldición que les ha venido sobre la piel, son más justos que vosotros; porque no han aolvidado el mandamiento del Señor que fue dado a nuestro padre, de no tener sino una esposa y ninguna concubina, y que no se cometieran fornicaciones entre ellos.

6 Y se esfuerzan por guardar este mandamiento; por tanto, a causa de esta observancia en cumplir con este mandamiento, el Señor Dios no los destruirá, sino que será amisericordioso para con ellos, y algún día llegarán a ser un pueblo bendito.

7 He aquí, sus maridos aaman a sus esposas, y sus esposas aman a sus maridos, y sus esposos y esposas aman a sus hijos; y su incredulidad y su odio contra vosotros se deben a la iniquidad de sus padres; por tanto, ¿cuánto mejores sois vosotros que ellos a la vista de vuestro gran Creador?

8 ¡Oh hermanos míos, temo que a no ser que os arrepintáis de vuestros pecados, su piel será más blanca que vuestra piel, cuando seáis llevados con ellos ante el trono de Dios!

9 Por tanto, os doy un mandamiento, el cual es la palabra de Dios, que no los injuriéis más a causa del color obscuro de su piel, ni tampoco debéis ultrajarlos por su inmundicia; antes bien, debéis recordar vuestra propia inmundicia y recordar que la de ellos vino por causa de sus padres.

10 Por tanto, debéis recordar a vuestros ahijos, cómo habéis afligido sus corazones a causa del ejemplo que les habéis dado; y recordad también que por motivo de vuestra inmundicia podéis llevar a vuestros hijos a la destrucción, y sus pecados serán acumulados sobre vuestra cabeza en el postrer día.

11 ¡Oh hermanos míos, escuchad mis palabras; estimulad las facultades de vuestras almas; sacudíos para que adespertéis del sueño de la muerte; y libraos de los sufrimientos del binfierno para que no lleguéis a ser cángeles del diablo, para ser echados en ese lago de fuego y azufre que es la segunda dmuerte!

12 Ahora bien, yo, Jacob, hablé muchas cosas más al pueblo de Nefi, amonestándolo contra la afornicación y la blascivia y toda clase de pecados, declarándole las terribles consecuencias de estas cosas.

13 Y ni la centésima parte de los actos de este pueblo, que empezaba ya a ser numeroso, se puede escribir sobre aestas planchas; pero muchos de sus hechos están escritos sobre las planchas mayores, y sus guerras, y sus contenciones, y los reinados de sus reyes.

14 Estas planchas se llaman las planchas de Jacob, y fueron hechas por la mano de Nefi. Y doy fin a estas palabras.


CAPÍTULO 4

Todos los profetas adoraron al Padre en el nombre de Cristo—El acto de Abraham de ofrecer a su hijo Isaac fue una semejanza de Dios y de su Unigénito—Los hombres deben reconciliarse con Dios por medio de la Expiación—Los judíos rechazarán la piedra que sirve de fundamento. Aproximadamente 544—421 a.C.

1 Ahora bien, he aquí, aconteció que yo, Jacob, había ministrado mucho a mi pueblo de palabra (y no puedo escribir sino muy pocas de mis palabras por lo difícil que es grabar nuestras palabras sobre planchas), y sabemos que lo que escribamos sobre planchas debe permanecer;

2 mas lo que escribamos sobre cualquiera otra cosa que no sea planchas, ha de perecer y desvanecerse; pero podemos escribir sobre planchas unas cuantas palabras que darán a nuestros hijos, y también a nuestros amados hermanos, una pequeña medida de conocimiento concerniente a nosotros, o sea, a sus padres;

3 y en esto nos regocijamos; y obramos diligentemente para grabar estas palabras sobre planchas, esperando que nuestros amados hermanos y nuestros hijos las reciban con corazones agradecidos, y las consideren para que sepan con gozo, no con pesar, ni con desprecio, lo que atañe a sus primeros padres.

4 Porque hemos escrito estas cosas para este fin, que sepan que nosotros asabíamos de Cristo y teníamos la esperanza de su gloria muchos siglos antes de su venida; y no solamente teníamos nosotros una esperanza de su gloria, sino también todos los santos bprofetas que vivieron antes que nosotros.

5 He aquí, ellos creyeron en Cristo y aadoraron al Padre en su nombre; y también nosotros adoramos al Padre en su nombre. Y con este fin guardamos la bley de Moisés, dado que corienta nuestras almas hacia él; y por esta razón se nos santifica como obra justa, así como le fue contado a Abraham en el desierto el ser obediente a los mandamientos de Dios al ofrecer a su hijo Isaac, que es una semejanza de Dios y de su Hijo dUnigénito.

6 Por tanto, escudriñamos los profetas, y tenemos muchas revelaciones y el espíritu de aprofecía; y teniendo todos estos btestimonios, logramos una esperanza, y nuestra fe se vuelve inquebrantable, al grado de que verdaderamente podemos cmandar en el dnombre de Jesús, y los árboles mismos nos obedecen, o los montes, o las olas del mar.

7 No obstante, el Señor Dios nos manifiesta nuestra adebilidad para que sepamos que es por su gracia y sus grandes condescendencias para con los hijos de los hombres por las que tenemos poder para hacer estas cosas.

8 ¡He aquí, grandes y maravillosas son las obras del Señor! ¡Cuán ainescrutables son las profundidades de sus bmisterios; y es imposible que el hombre descubra todos sus caminos! Y nadie hay que cconozca sus dsendas a menos que le sean reveladas; por tanto, no despreciéis, hermanos, las revelaciones de Dios.

9 Pues he aquí, por el poder de su apalabra el bhombre apareció sobre la faz de la tierra, la cual fue creada por el poder de su palabra. Por tanto, si Dios pudo hablar, y el mundo fue; y habló, y el hombre fue creado, ¿por qué, pues, no ha de poder mandar la ctierra o la obra de sus manos sobre su superficie, según su voluntad y placer?

10 Por tanto, hermanos, no procuréis aaconsejar al Señor, antes bien aceptad el consejo de su mano. Porque he aquí, vosotros mismos sabéis que él aconseja con bsabiduría, con justicia y con gran misericordia sobre todas sus obras.

11 Así pues, amados hermanos, reconciliaos con él por medio de la aexpiación de Cristo, su bUnigénito Hijo, y podréis obtener la cresurrección, según el poder de la resurrección que está en Cristo, y ser presentados como las dprimicias de Cristo a Dios, teniendo fe y habiendo obtenido una buena esperanza de gloria en él, antes que se manifieste en la carne.

12 Y ahora bien, amados míos, no os maravilléis de que os diga estas cosas; pues ¿por qué no hablar de la aexpiación de Cristo, y lograr un perfecto conocimiento de él, así como el conocimiento de una resurrección y del mundo venidero?

13 He aquí, mis hermanos, el que profetizare, profetice al entendimiento de los hombres; porque el aEspíritu habla la verdad, y no miente. Por tanto, habla de las cosas como realmente bson, y de las cosas como realmente serán; así que estas cosas nos son manifestadas cclaramente para la salvación de nuestras almas. Mas he aquí, nosotros no somos los únicos testigos de estas cosas; porque Dios las declaró también a los profetas de la antigüedad.

14 Pero he aquí, los judíos fueron un pueblo de adura cerviz; y bdespreciaron las palabras de claridad, y mataron a los profetas, y procuraron cosas que no podían entender. Por tanto, a causa de su cceguedad, la cual vino por traspasar lo señalado, es menester que caigan; porque Dios les ha quitado su claridad y les ha entregado muchas cosas que dno pueden entender, porque así lo desearon; y porque así lo desearon, Dios lo ha hecho, a fin de que tropiecen.
15 Y ahora el Espíritu me impulsa a mí, Jacob, a profetizar, porque percibo por las indicaciones del Espíritu que hay en mí, que a causa del atropiezo de los judíos, ellos brechazarán la croca sobre la cual podrían edificar y tener fundamento seguro.

16 Mas he aquí que esta aroca, según las Escrituras, llegará a ser el grande, y el último, y el único y seguro bfundamento sobre el cual los judíos podrán edificar.

17 Y ahora bien, amados míos, ¿cómo será posible que éstos, después de haber rechazado el fundamento seguro, puedan ajamás edificar sobre él, para que sea la principal piedra angular?

18 He aquí, amados hermanos míos, os aclararé este misterio, a no ser que de algún modo se debilite mi firmeza en el Espíritu, y tropiece por motivo de mi gran ansiedad por vosotros.


CAPÍTULO 5

Jacob cita las palabras de Zenós en cuanto a la alegoría del olivo cultivado y el olivo silvestre—Éstos son una similitud de Israel y los gentiles—Se representan el esparcimiento y el recogimiento de Israel—Se hacen alusiones a los nefitas y a los lamanitas y a toda la casa de Israel—Los gentiles serán injertados en Israel—Finalmente la viña será quemada. Aproximadamente 544—421 a.C.

1 He aquí, hermanos míos, ¿no os acordáis de haber leído las palabras del profeta aZenós, las cuales habló a la casa de Israel, diciendo:

2 ¡Escuchad, oh casa de Israel, y oíd las palabras mías, que soy un profeta del Señor!

3 Porque he aquí, así dice el Señor: Te compararé, oh casa de aIsrael, a un bolivo cultivado que un hombre tomó y nutrió en su cviña; y creció y envejeció y empezó a dsecarse.

4 Y acaeció que salió el amo de la viña, y vio que su olivo empezaba a secarse, y dijo: Lo podaré, y cavaré alrededor de él, y lo nutriré para que tal vez eche ramas nuevas y tiernas, y no perezca.

5 Y aconteció que lo podó, y cavó alrededor de él, y lo nutrió según su palabra.

6 Y sucedió que después de muchos días empezó a echar algunos retoños pequeños y tiernos, mas he aquí, la copa principal empezó a secarse.

7 Y ocurrió que lo vio el amo de la viña, y dijo a su siervo: Me aflige que tenga que perder este árbol; por tanto, ve, y arranca las ramas de un olivo asilvestre y tráemelas aquí; y arrancaremos esas ramas principales que empiezan a marchitarse, y las echaremos en el fuego para que se quemen.

8 Y he aquí, dijo el Señor de la viña, tomaré muchas de estas ramas nuevas y tiernas y las injertaré donde yo quiera, y no importa si acaso la raíz de este árbol perece, yo puedo conservar su fruto para mí; por tanto, tomaré estas ramas nuevas y tiernas, y las injertaré donde yo quiera.

9 Toma las ramas del olivo silvestre, e injértalas en alugar de ellas; y estas que he cortado, las echaré al fuego y las quemaré, a fin de que no obstruyan el terreno de mi viña.

10 Y aconteció que el siervo del Señor de la viña hizo según la palabra de su amo, e injertó las ramas del olivo asilvestre.

11 Y el Señor de la viña hizo que se cavara alrededor, y se podara y se nutriera, y dijo a su siervo: Me aflige que tenga que perder este árbol; por tanto, para que tal vez pueda yo preservar sus raíces a fin de que no perezcan y pueda yo preservarlas para mí, he hecho esto.

12 Por tanto, ve; cuida el árbol y nútrelo, según mis palabras.

13 Y éstos yo apondré en la parte más baja de mi viña, donde bien me parezca, esto no te incumbe; y lo hago a fin de preservar para mí las ramas naturales del árbol; y también con objeto de guardar para mí su fruto para la estación; porque me aflige que tenga que perder este árbol y su fruto.

14 Y aconteció que el Señor de la viña se marchó, y escondió las ramas naturales del olivo cultivado en las partes más bajas de la viña, unas en una parte y otras en otra, según su voluntad y placer.

15 Y sucedió que pasó mucho tiempo, y el Señor de la viña dijo a su siervo: Ven, descendamos a la viña para que podamos trabajar en ella.

16 Y aconteció que el Señor de la viña y también su siervo bajaron a la viña a trabajar; y sucedió que el siervo dijo a su amo: He aquí, mira; contempla el árbol.

17 Y ocurrió que el Señor de la viña miró y vio el árbol en el que se habían injertado las ramas del olivo silvestre; y había retoñado y comenzado a dar afruto; y vio que era bueno, y su fruto era semejante al fruto natural.

18 Y dijo al siervo: He aquí, las ramas del árbol silvestre han alcanzado la humedad de la raíz, por lo que la raíz ha producido mucha fuerza; y a causa de la mucha fuerza de la raíz, las ramas silvestres han dado fruto cultivado. Así que, si no hubiéramos injertado estas ramas, el árbol habría perecido. Y he aquí, ahora guardaré mucho fruto que el árbol ha producido; y su fruto lo guardaré para mí mismo, para la estación.

19 Y sucedió que el Señor de la viña dijo al siervo: Ven, vamos a la parte más baja de la viña, y veamos si las ramas naturales del árbol no han dado mucho fruto también, a fin de que pueda yo guardar su fruto para la estación, para mí mismo.

20 Y aconteció que fueron a donde el amo había escondido las ramas naturales del árbol, y dijo al siervo: Mira éstas; y vio que la aprimera había dado mucho fruto, y también vio que era bueno. Y dijo al siervo: Toma de su fruto y guárdalo para la estación, a fin de que yo lo preserve para mí mismo; pues, dijo él, lo he nutrido mucho tiempo, y ha producido fruto abundante.

21 Y aconteció que el siervo dijo a su amo: ¿Cómo fue que viniste aquí a plantar este árbol, o esta rama del árbol? Porque he aquí, era el sitio más estéril de todo el terreno de tu viña.

22 Y le dijo el Señor de la viña: No me aconsejes. Yo sabía que era un lugar estéril; por eso te dije que lo he nutrido tan largo tiempo, y tú ves que ha dado mucho fruto.

23 Y aconteció que el Señor de la viña dijo a su siervo: Mira acá, he aquí, he plantado otra rama del árbol también; y tú sabes que esta parte del terreno era peor que la primera. Pero mira el árbol. Lo he nutrido todo este tiempo, y ha producido mucho fruto; por tanto, recógelo y guárdalo para la estación a fin de que yo lo preserve para mí mismo.

24 Y aconteció que el Señor de la viña dijo otra vez a su siervo: Mira acá y ve otra arama que también he plantado; he aquí, también la he nutrido, y ha producido fruto.

25 Y dijo al siervo: Mira hacia acá y ve la última. He aquí, ésta la he plantado en terreno abueno, y la he nutrido todo este tiempo; y sólo parte del árbol ha dado fruto cultivado, y la botra parte del árbol ha producido fruto silvestre; he aquí, he nutrido este árbol igual que los otros.

26 Y sucedió que el Señor de la viña dijo al siervo: Arranca las ramas que no han producido fruto abueno y échalas en el fuego.

27 Mas he aquí, el siervo le dijo: Podémoslo, y cavemos alrededor de él, y nutrámoslo un poco más, a fin de que tal vez te dé buen fruto, para que lo guardes para la estación.

28 Y aconteció que el Señor de la viña y su siervo nutrieron todos los árboles frutales de la viña.

29 Y aconteció que había pasado mucho tiempo, y el Señor de la viña dijo a su asiervo: Ven, descendamos a la viña para que trabajemos de nuevo en ella. Porque he aquí, se acerca el btiempo, y el cfin viene pronto; por tanto, debo guardar fruto para la estación, para mí mismo.

30 Y sucedió que el Señor de la viña y el siervo descendieron a la viña; y llegaron al árbol cuyas ramas naturales habían sido arrancadas, y se habían injertado las ramas silvestres en su lugar; y he aquí, estaba cargado de toda aclase de fruto.

31 Y aconteció que el Señor de la viña probó el fruto, cada clase según su número. Y el Señor de la viña dijo: He aquí, por largo tiempo hemos nutrido este árbol, y he guardado para mí mucho fruto, para la estación.

32 Pero he aquí, esta vez ha producido mucho fruto, y no hay aninguno que sea bueno. Y he aquí, hay toda clase de fruto malo; y no obstante todo nuestro trabajo, de nada me sirve; y me aflige ahora que tenga que perder este árbol.

33 Y el Señor de la viña dijo al siervo: ¿Qué haremos por el árbol, para que de nuevo pueda yo preservar buen fruto de él para mí mismo?

34 Y el siervo dijo a su amo: He aquí, a causa de que injertaste las ramas del olivo silvestre, éstas han nutrido sus raíces, de modo que están vivas y no han perecido; por tanto, ves que están buenas todavía.

35 Y aconteció que el Señor de la viña dijo a su siervo: Ningún provecho me deja el árbol, y sus raíces no me benefician nada, en tanto que produzca mal fruto.

36 No obstante, sé que las raíces son buenas; y para mi propio fin las he preservado; y a causa de su mucha fuerza, hasta aquí han producido buen fruto de las ramas silvestres.

37 Mas he aquí, las ramas silvestres han crecido y han asobrepujado a sus raíces; y debido a que las ramas silvestres han sobrepujado a las raíces, ha producido mucho fruto malo; y porque ha producido tanto fruto malo, ves que ya empieza a perecer; y pronto llegará a la madurez para ser echado al fuego, a menos que algo hagamos para preservarlo.

38 Y aconteció que el Señor de la viña dijo a su siervo: Descendamos a los parajes más bajos de la viña, y veamos si las ramas naturales han producido también mal fruto.

39 Y aconteció que descendieron a los parajes más bajos de la viña. Y ocurrió que vieron que el fruto de las ramas naturales se había corrompido también; sí, el aprimero, y el segundo, y el último también; y todos se habían corrompido.

40 Y el fruto asilvestre del último había sobrepujado a esa parte del árbol que produjo buen fruto, de tal modo que la rama se había marchitado y secado.

41 Y aconteció que el Señor de la viña lloró, y dijo al siervo: ¿aQué más pude haber hecho por mi viña?

42 He aquí, yo sabía que todo el fruto de la viña, exceptuando éstos, se había corrompido. Y ahora éstos, que en un tiempo habían producido buen fruto, se han corrompido también; y ahora todos los árboles de mi viña para nada sirven sino para ser cortados y echados en el fuego.

43 Y he aquí que este último, cuya rama se ha marchitado, lo planté en un terreno afértil; sí, el que para mí era el más escogido de todos los demás parajes de mi viña.

44 Y tú viste que también derribé lo que aobstruía este pedazo de tierra, a fin de que yo pudiera plantar este árbol en su lugar.

45 Y viste que parte de él produjo buen fruto, y parte de él dio fruto silvestre; y porque no le arranqué sus ramas y las eché al fuego, he aquí, han sobrepujado a la rama buena de modo que ésta se ha secado.

46 Y ahora bien, he aquí, no obstante todo el cuidado que hemos dado a mi viña, sus árboles se han corrompido, de modo que no dan buen fruto; y yo había esperado preservar a éstos, a fin de haber guardado su fruto para la estación, para mí mismo. Mas he aquí, se han vuelto como el olivo silvestre, y no valen nada sino para ser acortados y echados al fuego; y me aflige que tenga que perderlos.

47 ¿Pero qué más pude yo haber hecho en mi viña? ¿He relajado mi mano de modo que no la he nutrido? No, la he nutrido y cavado alrededor; la he podado y abonado; y he aextendido la mano casi todo el día, y el bfin se acerca. Y me aflige que tenga que talar todos los árboles de mi viña, y echarlos en el fuego para que sean quemados. ¿Quién es el que ha corrompido mi viña?

48 Y acaeció que el siervo dijo a su amo: ¿No será la altura de tu viña? ¿No habrán sobrepujado sus ramas a las raíces que son buenas? Y a causa de que las ramas han sobrepujado a sus raíces, he aquí que aquéllas crecieron más aprisa que la fuerza de las raíces, tomando fuerza para sí mismas. He aquí, digo: ¿No será ésta la causa de la corrupción de los árboles de tu viña?

49 Y aconteció que el Señor de la viña dijo al siervo: Vayamos y cortemos los árboles de la viña y echémoslos al fuego para que no obstruyan el terreno de mi viña, porque he hecho todo. ¿Qué más pude yo haber hecho por mi viña?

50 Mas he aquí, el siervo dijo al Señor de la viña: Déjala un poco amás.

51 Y dijo el Señor: Sí, la dejaré un poco más, porque me aflige que tenga que perder los árboles de mi viña.

52 Por tanto, tomemos algunas de las aramas de éstos que he plantado en las partes más bajas de mi viña, e injertémoslas en el árbol del cual procedieron; y arranquemos del árbol esas ramas cuyo fruto es el más amargo, e injertemos en su lugar las ramas naturales del árbol.

53 Y haré esto para que no perezca el árbol, a fin de que quizá preserve sus raíces para mi propio fin.

54 Y he aquí, todavía están vivas las raíces de las ramas naturales del árbol que planté donde me pareció bien; por tanto, a fin de que yo las conserve también para mi propio fin, tomaré de las ramas de este árbol, y las ainjertaré en ellas. Sí, injertaré en ellas las ramas de su árbol original, para que yo preserve también las raíces para mí, para que cuando lleguen a tener suficiente fuerza tal vez me produzcan buen fruto, y me gloríe aún en el fruto de mi viña.

55 Y aconteció que tomaron del árbol natural que se había vuelto silvestre, e injertaron en los árboles naturales que también se habían vuelto silvestres.

56 Y también tomaron de los árboles naturales que se habían vuelto silvestres, e injertaron en su árbol original.

57 Y el Señor de la viña dijo al siervo: No arranques las ramas silvestres de los árboles, sino aquellas que son las más amargas; y en ellas injertarás de acuerdo con lo que he dicho.

58 Y de nuevo nutriremos los árboles de la viña, y podaremos sus ramas; y arrancaremos de los árboles aquellas ramas que han madurado, que deben perecer, y las echaremos al fuego.

59 Y hago esto para que quizá sus raíces se fortalezcan a causa de su buena calidad; y que, a causa del cambio de ramas, lo bueno sobrepuje a lo malo.

60 Y porque he preservado las ramas naturales y sus raíces, y he injertado nuevamente las ramas naturales en su árbol original y he preservado las raíces de su árbol original, para que quizá los árboles de mi viña produzcan nuevamente buen afruto; y que yo tenga de nuevo gozo en el fruto de mi viña, y tal vez me alegre en extremo porque he preservado las raíces y las ramas del primer fruto;

61 ve, pues, y llama asiervos para que btrabajemos diligentemente con todo nuestro empeño en la viña, a fin de que podamos preparar el camino para que yo produzca otra vez el fruto natural, el cual es bueno y más precioso que cualquier otro fruto.

62 Por tanto, vayamos y trabajemos con nuestra fuerza esta última vez; porque he aquí, se acerca el fin, y ésta es la última vez que podaré mi viña.

63 Injerta las ramas; empieza por las aúltimas, para que sean las primeras, y que las primeras sean las últimas; y cava alrededor de los árboles, viejos así como nuevos, los primeros y los últimos; y los últimos y los primeros, a fin de que todos sean nutridos de nuevo por la postrera vez.

64 Por tanto, cava alrededor de ellos, y pódalos, y abónalos de nuevo por última vez, porque el fin se acerca. Y si acaso estos últimos injertos crecen y producen el fruto natural, entonces les prepararás el camino para que crezcan.

65 Y a medida que empiecen a crecer, quitarás las ramas que dan fruto amargo, según la fuerza y el tamaño de las buenas; y no aquitarás todas las ramas malas de una vez, no sea que las raíces resulten demasiado fuertes para el injerto, y éste perezca, y pierda yo los árboles de mi viña.

66 Porque me aflige que tenga que perder los árboles de mi viña; por tanto, quitarás lo malo a medida que crezca lo bueno, para que la raíz y la copa tengan igual fuerza, hasta que lo bueno sobrepuje a lo malo, y lo malo sea talado y echado en el fuego, a fin de que no obstruya el terreno de mi viña; y así barreré lo malo de mi viña.

67 Y de nuevo injertaré las ramas del árbol natural en el árbol natural;

68 e injertaré las ramas del árbol natural en las ramas naturales del árbol; y así las juntaré otra vez para que produzcan el fruto natural, y serán uno.

69 Y lo malo será aechado fuera, sí, fuera de todo el terreno de mi viña; pues he aquí, tan sólo esta vez podaré mi viña.

70 Y aconteció que el Señor de la viña envió a su asiervo, y éste fue e hizo lo que el Señor le había mandado, y trajo otros siervos; y eran bpocos.

71 Y les dijo el Señor de la viña: Id y atrabajad en la viña con todas vuestras fuerzas. Porque he aquí, ésta es la búltima vez que nutriré mi viña; porque el fin se aproxima y la estación viene rápidamente; y si vosotros trabajáis conmigo con toda vuestra fuerza, os cregocijaréis en el fruto que recogeré para mí mismo, para el tiempo que pronto llegará.

72 Y sucedió que los siervos fueron y trabajaron con todas sus fuerzas; y el Señor de la viña también trabajó con ellos; y en todo obedecieron los mandatos del Señor de la viña.

73 Y empezó de nuevo a producirse el fruto natural en la viña; y las ramas naturales comenzaron a crecer y a medrar en sumo grado; y empezaron luego a arrancarse las ramas silvestres y a echarse fuera; y conservaron iguales la raíz y la copa, según su fuerza.

74 Y así trabajaron con toda diligencia, según los mandamientos del Señor de la viña, sí, hasta que lo malo hubo sido echado de la viña, y el Señor hubo logrado para sí que los árboles volviesen nuevamente al fruto natural; y llegaron a ser como aun cuerpo; y los frutos fueron iguales, y el Señor de la viña había preservado para sí mismo el fruto natural, que fue sumamente precioso para él desde el principio.

75 Y aconteció que cuando el Señor de la viña vio que su fruto era bueno y que su viña ya no estaba corrompida, llamó a sus siervos y les dijo: He aquí, hemos nutrido mi viña esta última vez; y veis que he obrado según mi voluntad; y he preservado el fruto natural que es bueno, aun como lo fue en el principio. Y abenditos sois, porque a causa de que habéis sido diligentes en obrar conmigo en mi viña, y habéis guardado mis mandamientos, y me habéis traído otra vez el fruto bnatural, de modo que mi viña ya no está más corrompida, y lo malo se ha echado fuera, he aquí, os regocijaréis conmigo a causa del fruto de mi viña.

76 Pues he aquí, por amucho tiempo guardaré del fruto de mi viña para mí mismo, a la estación, la cual se aproxima velozmente; y por la última vez he nutrido mi viña, y la he podado, y he cavado alrededor de ella, y la he abonado; por tanto, guardaré de su fruto para mí mismo, por mucho tiempo, de acuerdo con lo que he hablado.

77 Y cuando llegue la ocasión en que nuevamente vuelva el mal fruto a mi viña, entonces haré recoger lo bueno y lo malo; y lo bueno preservaré para mí, y lo malo arrojaré a su propio lugar. Y entonces viene la aestación y el fin; y haré que mi viña sea bquemada con fuego.


CAPÍTULO 6

El Señor recobrará a Israel en los últimos días—El mundo será quemado con fuego—Los hombres deben seguir a Cristo para evitar el lago de fuego y azufre. Aproximadamente 544—421 a.C.

1 Y ahora bien, he aquí, mis hermanos, como os dije que iba a profetizar, he aquí, ésta es mi profecía: Que las cosas que habló este profeta aZenós concernientes a los de la casa de Israel, en las cuales los comparó a un olivo cultivado, ciertamente han de acontecer.

2 Y el día en que el Señor de nuevo extienda su mano por segunda vez para arecobrar a su pueblo será el día, sí, aun la última vez, en que los bsiervos del Señor saldrán con cpotestad de él para dnutrir y podar su eviña; y después de eso, pronto vendrá el ffin.

3 ¡Y cuán benditos los que hayan trabajado diligentemente en su viña! ¡Y cuán malditos los que sean echados a su propio lugar! Y el mundo será aquemado con fuego.

4 ¡Y cuán misericordioso es nuestro Dios para con nosotros!, porque él se acuerda de la casa de aIsrael, de las raíces así como de las ramas; y les extiende sus bmanos todo el día; y son una gente cobstinada y contenciosa; pero cuantos no endurezcan sus corazones serán salvos en el reino de Dios.

5 Por tanto, amados hermanos míos, os suplico con palabras solemnes que os arrepintáis y vengáis con íntegro propósito de corazón, y os aalleguéis a Dios como él se allega a vosotros. Y mientras su bbrazo de misericordia se extienda hacia vosotros a la luz del día, no endurezcáis vuestros corazones.

6 Sí, hoy mismo, si queréis oír su voz, no endurezcáis vuestros corazones; pues, ¿por qué queréis amorir?

7 Porque he aquí, después de haber sido nutridos por la buena palabra de Dios todo el día, ¿produciréis mal fruto, para que seáis atalados y echados en el fuego?

8 He aquí, ¿rechazaréis estas palabras? ¿Rechazaréis las palabras de los profetas; y rechazaréis todas las palabras que se han hablado en cuanto a Cristo, después que tantos han hablado acerca de él? ¿y negaréis la buena palabra de Cristo y el poder de Dios y el adon del Espíritu Santo, y apagaréis el Santo Espíritu, y haréis irrisión del gran plan de redención que se ha dispuesto para vosotros?

9 ¿No sabéis que si hacéis estas cosas, el poder de la redención y de la resurrección que está en Cristo os llevará a presentaros con vergüenza y con terrible aculpa ante el btribunal de Dios?

10 Y según el poder de la ajusticia, porque la justicia no puede ser negada, tendréis que ir a aquel blago de fuego y azufre, cuyas llamas son inextinguibles y cuyo humo asciende para siempre jamás; y este lago de fuego y azufre es ctormento dsin fin.

11 ¡Oh amados hermanos míos, arrepentíos, pues, y entrad por la puerta aestrecha, y continuad en el camino que es angosto, hasta que obtengáis la vida eterna!

12 ¡Oh, sed aprudentes! ¿Qué más puedo decir?

13 Por último, me despido de vosotros, hasta que os vuelva a ver ante el placentero tribunal de Dios, tribunal que hiere al malvado con aterrible espanto y miedo. Amén.


CAPÍTULO 7

Sherem niega a Cristo, contiende con Jacob, demanda una señal y es herido por Dios—Todos los profetas han hablado de Cristo y su expiación—Los nefitas han pasado su vida errantes, nacidos en la tribulación y aborrecidos por los lamanitas. Aproximadamente 544—421 a.C.

1 Y aconteció que después de transcurrir algunos años, vino entre el pueblo de Nefi un hombre que se llamaba Sherem.

2 Y aconteció que empezó a predicar entre los del pueblo, y a declararles que no habría ningún Cristo; y predicó muchas cosas que lisonjeaban al pueblo; e hizo esto para derribar la doctrina de Cristo.

3 Y trabajó diligentemente para desviar el corazón del pueblo, a tal grado que desvió a muchos corazones; y sabiendo él que yo, Jacob, tenía fe en Cristo, que había de venir, buscó mucho una oportunidad para verse conmigo.

4 Y era un hombre instruido, pues tenía un conocimiento perfecto de la lengua del pueblo; por tanto, podía emplear mucha lisonja y mucha elocuencia, según el poder del diablo.

5 Y tenía la esperanza de desprenderme de la fe, a pesar de las muchas arevelaciones y lo mucho que yo había visto concerniente a estas cosas; porque yo en verdad había visto ángeles, y me habían ministrado. Y también había oído la voz del Señor hablándome con sus propias palabras de cuando en cuando; por tanto, yo no podía ser descarriado.

6 Y aconteció que me vino a ver, y de esta manera me habló, diciendo: Hermano Jacob, mucho he buscado la oportunidad para hablar contigo, porque he oído, y también sé, que mucho andas, predicando lo que llamas el evangelio o la doctrina de Cristo.

7 Y has desviado a muchos de los de este pueblo, de manera que pervierten la recta vía de Dios y no aguardan la ley de Moisés, que es el camino verdadero; y conviertes la ley de Moisés en la adoración de un ser que dices vendrá de aquí a muchos siglos. Y ahora bien, he aquí, yo, Sherem, te declaro que esto es una blasfemia, pues nadie sabe en cuanto a tales cosas; porque nadie bpuede declarar lo que está por venir. Y así era como Sherem contendía contra mí.

8 Mas he aquí que el Señor Dios derramó su aEspíritu en mi alma, de tal modo que lo confundí en todas sus palabras.

9 Y le dije: ¿Niegas tú al Cristo que ha de venir? Y él dijo: Si hubiera un Cristo, no lo negaría; mas sé que no hay Cristo, ni lo ha habido, ni jamás lo habrá.

10 Y le dije: ¿Crees tú en las Escrituras? Y dijo él: Sí.

11 Y le dije yo: Entonces no las entiendes; porque en verdad testifican de Cristo. He aquí, te digo que ninguno de los profetas ha escrito ni aprofetizado sin que haya hablado concerniente a este Cristo.

12 Y esto no es todo. Se me ha manifestado, porque he oído y visto; y también me lo ha manifestado el apoder del Espíritu Santo; por consiguiente, yo sé que si no se efectuara una expiación, se bperdería todo el género humano.

13 Y aconteció que me dijo: Muéstrame una aseñal mediante este poder del Espíritu Santo, por medio del cual sabes tanto.

14 Y le dije: ¿Quién soy yo para que tiente a Dios para que te muestre una señal en esto que tú sabes que es averdad? Sin embargo, la negarás, porque eres del bdiablo. No obstante, no sea hecha mi voluntad; mas si Dios te hiriere, séate por señal de que él tiene poder tanto en el cielo como en la tierra; y también de que Cristo vendrá. ¡Y sea hecha tu voluntad, oh Señor, y no la mía!

15 Y sucedió que cuando yo, Jacob, hube hablado estas palabras, el poder del Señor vino sobre él, de tal modo que cayó a tierra. Y sucedió que fue alimentado por el espacio de muchos días.

16 Y aconteció que él dijo al pueblo: Reuníos mañana, porque voy a morir; por tanto, deseo hablar al pueblo antes que yo muera.

17 Y aconteció que a la mañana siguiente la multitud se hallaba reunida; y les habló claramente y negó las cosas que les había enseñado, y confesó al Cristo y el poder del Espíritu Santo y la ministración de ángeles.

18 Y les dijo claramente que había sido aengañado por el poder del bdiablo. Y habló del infierno, y de la eternidad, y del castigo eterno.

19 Y dijo: Temo que haya cometido el pecado aimperdonable, pues he mentido a Dios; porque negué al Cristo, y dije que creía en las Escrituras, y éstas en verdad testifican de él. Y porque he mentido a Dios de este modo, temo mucho que mi situación sea bterrible; pero me confieso a Dios.

20 Y acaeció que después que hubo dicho estas palabras, no pudo hablar más, y aentregó el espíritu.

21 Y cuando los de la multitud hubieron presenciado que él había dicho estas cosas cuando estaba a punto de entregar el espíritu, se asombraron en extremo; tanto así que el poder de Dios descendió sobre ellos, y fueron adominados de modo que cayeron a tierra.

22 Y ahora bien, esto me complació a mí, Jacob, porque lo había pedido a mi Padre que estaba en el cielo; pues él había oído mi clamor y contestado mi oración.

23 Y sucedió que la paz y el amor de Dios nuevamente se restablecieron entre el pueblo; y aescudriñaron las Escrituras; y no hicieron más caso de las palabras de este hombre inicuo.

24 Y aconteció que se idearon muchos medios para arescatar a los lamanitas y restaurarlos al conocimiento de la verdad; mas todo fue en bvano, porque se deleitaban en cguerras y en el dderramamiento de sangre, y abrigaban un eodio eterno contra nosotros, sus hermanos; y de continuo buscaban el modo de destruirnos por el poder de sus armas.

25 Por tanto, el pueblo de Nefi se fortificó contra ellos con sus armas y con todo su poder, confiando en el Dios y aroca de su salvación; por tanto, pudieron ser, hasta el momento, vencedores de sus enemigos.

26 Y aconteció que yo, Jacob, empecé a envejecer; y como la historia de este pueblo se lleva en las aotras planchas de Nefi, concluyo, por tanto, esta relación, declarando que la he escrito según mi mejor conocimiento, diciendo que el tiempo se nos ha pasado, y nuestras bvidas también han pasado como si fuera un sueño, pues somos un pueblo solitario y solemne, errantes, desterrados de Jerusalén, nacidos en la tribulación, en un desierto, y aborrecidos por nuestros hermanos, cosa que ha provocado guerras y contenciones; de manera que nos hemos lamentado en el curso de nuestras vidas.

27 Y yo, Jacob, vi que pronto tendría que descender al sepulcro. Por tanto, dije a mi hijo aEnós: Toma estas planchas. Y le declaré lo que mi hermano Nefi me había bmandado, y prometió obedecer los mandamientos. Y doy fin a mis escritos sobre estas planchas, y lo que he escrito ha sido poco; y me despido del lector, esperando que muchos de mis hermanos lean mis palabras. Adiós, hermanos.